Prosopagnosia: cuando los rostros se vuelven enigmas

La ciencia detrás de este trastorno que impide a miles de personas reconocer caras familiares. Cómo detectarlo y tratarlo. La voz de un especialista.

Tendencias - Vida y Ocio 07/07/2024
Prosopagnosia

Imagine un mundo donde los rostros de sus seres queridos se convierten en misteriosos enigmas. Un lugar donde la familiaridad se desdibuja y la conexión humana se convierte en un desafío diario. Este es el mundo de la prosopagnosia, también conocida como “ceguera facial”, un trastorno neurológico que afecta a millones de personas en todo el mundo.

Un estudio reciente realizado por investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard y publicado en la revista Cortex sugiere que esta enfermedad es más común de lo que se cree. Los hallazgos indican que hasta una de cada 33 personas (3.08 por ciento) puede tener prosopagnosia. Este trastorno, que puede ser tanto congénito como adquirido, se caracteriza por la incapacidad de reconocer rostros familiares, obligando a quienes lo padecen a depender de otras pistas, como el tono de voz, el color del cabello o la ropa, para identificar a las personas.

Caras borrosas y vidas fragmentadas

La prosopagnosia no discrimina. Personas de todas las edades, géneros y profesiones pueden verse afectadas, incluso aquellos que dependen de su capacidad para reconocer rostros en su trabajo. El actor Brad Pitt habló abiertamente sobre sus luchas con este trastorno, destacando la dificultad de no poder reconocer rostros, incluso de aquellos con quienes interactúa a diario.

En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, el neurólogo Alejandro Andersson, Director del Instituto de Neurología Buenos Aires, explica que la prosopagnosia puede ser congénita o adquirida. La variante congénita sugiere diferencias estructurales o funcionales en las regiones cerebrales implicadas en el reconocimiento facial. Las principales áreas del cerebro involucradas son el giro fusiforme, el lóbulo temporal y la corteza occipital. “En la prosopagnosia, estas áreas pueden dañarse debido a accidentes cerebrovasculares, lesiones en la cabeza o tumores, o pueden tener diferencias estructurales si el trastorno es congénito”, dice.

Diagnóstico y desafíos

El diagnóstico de la prosopagnosia comienza con una historia clínica detallada y una evaluación neurológica. Según detalla Andersson, pruebas neuropsicológicas como el Benton Facial Recognition Test, el Cambridge Face Memory Test y el Famous Faces Test se utilizan para evaluar la capacidad de reconocimiento facial. Técnicas de imagenología cerebral, como la resonancia magnética (RM) o la tomografía computarizada (TC), pueden ayudar a identificar daños en las áreas del cerebro asociadas con el reconocimiento facial. Las entrevistas con familiares también proporcionan información valiosa sobre la frecuencia y severidad del problema en situaciones cotidianas.

Aunque no existe una cura para la prosopagnosia, varias estrategias pueden ayudar a quienes la padecen. El entrenamiento cognitivo y las terapias de rehabilitación que utilizan técnicas compensatorias pueden mejorar las habilidades de reconocimiento facial. Además, aplicaciones móviles y software de reconocimiento facial están convirtiéndose en herramientas valiosas. El apoyo psicológico, en particular la terapia cognitivo-conductual, ayuda a las personas a manejar el estrés y la ansiedad derivados de este trastorno. La educación y sensibilización de amigos, familiares y colegas son clave para crear un entorno de apoyo y comprensión. 

Con todo, a medida que la ciencia avanza en la comprensión de este trastorno, es importante fomentar una mayor conciencia y empatía hacia quienes lo padecen ya que esta enfermedad afecta la capacidad de reconocer rostros e impacta profundamente en la manera en que las personas interactúan con el mundo y forman conexiones humanas.

Por María Ximena Perez - Agencia de Noticias Científicas de la UNQ.

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