Misofonía: un trastorno cada vez más común que afecta la calidad de vida

La ciencia explica por qué ciertos sonidos pueden desencadenar una respuesta emocional intensa. ¿Qué sucede en el cerebro de quienes la padecen?

Tendencias - Vida y Ocio 25/05/2024
Misofonía

Marcos se levantó aliviado, pero pronto los sonidos habituales lo atormentaron. El crujir de los cereales durante el desayuno sonaba ensordecedor. En el colectivo y en la oficina, los susurros y el clic-clic constante de una lapicera no paraban de irritarlo. De regreso a su casa, el sonido de la televisión convertía su refugio en otro campo de batalla. Incluso el silencio en su habitación parecía agravar su tensión, sin darle respiro. Desde niño, sentía que sus oídos eran más sensibles que los del resto de las personas. Finalmente descubrió que eso tenía un nombre: misofonía.

“El síndrome de sensibilidad selectiva o misofonía es una condición que padecen algunas personas en la que hay sonidos específicos que le provocan respuestas emocionales intensas y negativas. Estos sonidos, que para la mayoría pasan desapercibidos o son simplemente molestos, pueden generar reacciones muy exageradas de enojo, rabia, pánico, estrés y un profundo malestar”, explica a la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, el neurólogo Alejandro Andersson , Director del Instituto de Neurología Buenos Aires.

Según detalla, los sonidos que pueden desencadenar estas respuestas varían considerablemente. Pueden ser los que se hacen con la boca, al masticar, al tomar un líquido, al cepillarse los dientes; los sonidos de respirar, estornudar o toser; los relacionados con la voz, como carraspear o toser, o la gente que habla con voz áspera. “También los sonidos del ambiente, como el ruidito de las teclas, el ruido que hacen los libros al pasar las páginas, el tic tac de un reloj o el goteo de una canilla. Las causas no están completamente claras”, agrega el especialista.

Cómo reconocerla

Existen dos corrientes principales para explicar esta condición: una psicológica y otra neurológica. La psicológica habla de un fenómeno de “odio al sonido”, mientras que la explicación neurológica sugiere que podría haber un componente orgánico relacionado con cómo el cerebro procesa estos datos.

“El procesamiento del sonido en el cerebro implica una ruta que va desde el tálamo hasta la amígdala, permitiendo una respuesta emocional rápida e inconsciente. Se piensa que en las personas con misofonía podría haber una alteración de esta ruta, particularmente en la corteza prefrontal medial, que es responsable”, detalla Andersson.

El diagnóstico de la misofonía no es sencillo y requiere de una evaluación cuidadosa. Andersson aclara que para evaluar de manera objetiva, es necesario encontrar una serie de síntomas desencadenantes del sonido específico, entender cuándo se inician los síntomas y describir su gravedad y frecuencia. “Es fundamental tener un examen audiológico normal para descartar otras condiciones del oído, como la hiperacusia. También se debe evaluar que no haya zumbidos u otras enfermedades del oído, y diferenciar de otras sensibilidades sensoriales alteradas, como las que pueden presentarse en trastornos del espectro autista, por ejemplo”.

Prevalencia y tratamiento

En el panorama de los trastornos sensoriales, la misofonía gana reconocimiento tanto en la comunidad científica como en la sociedad en general. Un estudio realizado en 2020 en el Reino Unido, publicado en la revista Plos One, reveló que aproximadamente el 12 por ciento de los participantes reportaron experiencias consistentes con la misofonía. Además, un estudio internacional de 2021, publicado en Scientific Reports, encontró que alrededor del 18 por ciento de los encuestados experimentaron algún grado de misofonía, y un 5 por ciento reportaron síntomas severos. Estas cifras llevan a reflexionar sobre la prevalencia y el impacto de esta enfermedad en la vida cotidiana de las personas.

¿Se puede tratar? Aunque todavía se está estudiando, la terapia cognitivo-conductual parece ser la mejor opción para poder convivir con esos sonidos, sin que tengan un impacto negativo en la vida de las personas diagnosticadas. De esta manera, podrían aprender a ignorar esos ruidos, evadirse o a poner en práctica estrategias que les ayuden a no entrar en pánico o dejarse llevar por la ira. Por eso, los expertos subrayan la importancia de desarrollar estrategias de manejo y tratamiento para mejorar el bienestar general y la integración social de quienes la padecen.

Con todo, los estudios recientes subrayan la necesidad de reconocer y abordar la misofonía como un problema de salud pública significativo. La investigación continua, junto con una mayor sensibilización y apoyo, pueden ser clave.

Por María Ximena Perez - Agencia de Noticias Científicas de la UNQ.

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