¿Por qué aguantarse un estornudo podría convertirse en un problema?

Las claves científicas que indican la importancia de tomar conciencia sobre los riesgos de contener este movimiento involuntario y repentino del diafragma.

Tendencias - Vida y Ocio 19/08/2023
estornudo

Todos conocen esa sensación: el cosquilleo travieso en la nariz, las lágrimas que bailan en los ojos y el estornudo asomándose con timidez. Pero cuando le pasó a German F., se encontraba justo en medio de una multitud que escuchaba atentamente la conferencia que estaba dando. Fue entonces cuando la vergüenza de un estallido lo desafió a suavizar el impulso y a reprimir su estornudo… Pero, ¿sabría Germán que este acto aparentemente inofensivo podría acarrearle riesgos inesperados y potencialmente graves para su salud? ¿Por qué contener un estornudo puede ser peligroso?

En el mundo de la biología, la respuesta instintiva de contener un estornudo se convirtió en una acción cuestionable. Aunque retener este impulso puede parecer una medida de educación, los expertos advierten sobre los peligros potenciales que este acto puede desencadenar.

Defensa natural

En el complejo y asombroso funcionamiento del cuerpo humano, el estornudo es un acto reflejo que a menudo pasa desapercibido pero desempeña un papel crucial en la protección de las vías respiratorias. La gama de desencadenantes es sorprendentemente amplia. Cualquier cosa que cause irritación en las vías respiratorias puede estimular este proceso defensivo.

Un ejemplo curioso es la respuesta al oler pimienta, un condimento que contiene un compuesto llamado alcaloide, que estimula los nervios en la zona nasal y provoca la reacción del estornudo. Este fenómeno destaca la sensibilidad y precisión del sistema respiratorio al detectar amenazas potenciales y responder en consecuencia.

La falacia de la contención

A pesar de la idea que sugiere que retener un estornudo para resguardar a los demás de los gérmenes expulsados, la ciencia demuestra que esta acción puede acarrear consecuencias graves.

Uno de los resultados más serios es la ruptura del tímpano. Suprimir un estornudo podría ocasionar que el aire penetre en la trompa de Eustaquio, una estructura frágil que enlaza el oído medio con el tímpano. La introducción de presión adicional podría conllevar al rompimiento del tímpano, lo que a su vez resultaría en problemas que abarcan desde una disminución temporal de la capacidad auditiva hasta la necesidad de someterse a una intervención quirúrgica.

Además, retener el estornudo puede dirigir nuevamente las bacterias hacia el oído, incrementando así el riesgo de infecciones dolorosas en el oído medio. Esta acción también ocasionaría un daño a los vasos sanguíneos sensibles en los ojos, la nariz y los oídos, lo que podría conllevar a hemorragias o daños nerviosos. Incluso, podría provocar un daño cerebral, generando hemorragias dentro del cráneo, lo cual es una condición que posee riesgos mortales. Aparte de esto, el aire atrapado podría ejercer presión sobre las costillas, la garganta y el diafragma, inconvenientes físicos que requieran atención médica inmediata.

Un caso testigo

Desde la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, accedimos a un artículo publicado por la revista especializada BMJ Case Report, donde se informa el caso de un hombre de 34 años que, tras apretar su nariz y cerrar la boca para bloquear un estornudo, sintió un ruido en el cuello. Como la zona se inflamó y le empezó a doler acudió a un médico que, tras realizar estudios, comprobó que el estornudo reprimido le produjo una pequeña perforación en la garganta.

Por eso, la recomendación de los especialistas es no impedir el estornudo de ninguna forma, aunque sí taparse la boca y la nariz con un pañuelo desechable, siempre que sea posible, o con el antebrazo o la curva del codo, si no da tiempo a sacar un pañuelo. De este modo, se reducen las probabilidades de que los gérmenes viajen a través del aire o de las palmas de las manos hasta otras personas y eso contribuya con la propagación de infecciones.

Con todo, lo cierto es que no hay nada más saludable que permitir que la naturaleza siga su curso. ¡Achís!

Por María Ximena Perez - Agencia de Noticias Científicas de la UNQ.

 

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