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A ocho años del primer #NiUnaMenos, queda un largo camino por recorrer

Tendencias - Opinión Por Karina Batthyány (*)
Este 3 de junio se conmemoran ocho años de la primera convocatoria de #NiUnaMenos en la Argentina. Aquella vez, surgió a partir del feminicidio de una niña de 14 años.
#Ni una menos

Este 3 de junio se conmemoran ocho años de la primera convocatoria de #NiUnaMenos en la Argentina. Aquella vez, surgió a partir del feminicidio de una niña de 14 años. Pero no fue sólo eso: fue la acumulación de la indignación, el hartazgo, la ira frente a la violencia cotidiana a la que estamos expuestas las mujeres. Miles de personas se concentraron frente al Congreso de la Nación para exigir que dejen de matarnos.

La consigna fue acuñada por primera vez en México por la escritora Susana Chávez, quien utilizó en un poema la frase "Ni una mujer menos, ni una muerta más" para denunciar los feminicidios y la violencia contra las mujeres en Ciudad Juárez, en la frontera con los Estados Unidos. Trágicamente, Susana Chávez se convirtió en una más de aquellas mujeres asesinadas; no llegó a ver cómo su verso se convertía en un símbolo de la lucha contra la violencia de género en todo el planeta.

Las feministas argentinas tomaron la frase para canalizar ese hartazgo y decir "basta", que no tardó en extenderse a toda la región latinoamericana y caribeña. En algunos casos, como en Chile y Uruguay, mi país, se convocó a marchar en la misma fecha. En otros, funcionó como aglutinador a partir de casos de feminicidios que, al igual que en Argentina, despertaron el hartazgo y la furia de buena parte de la sociedad. Así, miles de personas levantaron el estandarte del #NiUnaMenos en todo el mundo.

No resulta llamativo que esta consigna feminista surja en Nuestramérica. En primer lugar, porque, con relación a esta cuestión, América Latina es la segunda región más peligrosa para las mujeres en el mundo, sólo superada por África. Entre los 25 países con tasas de feminicidio más altas del planeta, 14 se encuentran en nuestra región. Pero, además, por la magnitud y capacidad de lucha de los movimientos feministas en América Latina y el Caribe, así como la solidaridad y cooperación entre ellos. Se trata de una verdadera marea feminista que recorre nuestros países.

Desde aquel primer #NiUnaMenos se han conseguido avances concretos gracias a la visibilización y movilización en torno a la problemática. Muchos de nuestros países implementaron nuevos programas para abordar la violencia de género y acompañar a quienes la sufren y avanzaron en materia de legislación de estas violencias. Incluso se crearon nuevos Ministerios abocados específicamente a las temáticas de las mujeres, las diversidades y la igualdad de género.

Pero queda aún mucho por hacer. Porque cuando hablamos de #NiUnaMenos tenemos que entender que la violencia de género es la forma extrema de manifestación de un entramado de desigualdades que se impone a las mujeres y niñas por su posición de subordinación en la sociedad.

Resulta insoslayable que las mujeres y disidencias son las más afectadas por las crisis que atraviesan nuestros países, son quienes en mayor medida componen las filas de la informalidad laboral, con menores salarios, quienes tienen las tasas de desocupación más altas y quienes más tiempo dedican a los trabajos no remunerados. Si no tienen un trabajo remunerado, digno, que garantice su independencia económica y derechos laborales, ¿cómo pueden hacer frente a la violencia? Más aún si deben hacerse cargo de sostener sus hogares y cuidar de sus hijos e hijas.

Es fundamental conquistar más derechos laborales desde una perspectiva de género, elaborar políticas públicas en la temática de cuidados, aumentar el presupuesto que se destina a las políticas relacionadas con la violencia de género.

Y, al mismo tiempo, avanzar hacia otro cambio más profundo, que es la transformación cultural, pensando en la educación desde los primeros espacios de socialización. Aquel primer #NiUnaMenos fue un enorme logro en ese sentido, pero las feministas sabemos que esa transformación no termina. Queda, entonces, un largo camino por recorrer hacia una mayor igualdad.

(*) Doctora en Sociología, directora ejecutiva del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).

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